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Prevención Laboral en Empresas: 3 grandes razones

La “Encuesta 2013-2014 sobre consumo de sustancias psicoactivas en el ámbito laboral en España”, realizada por el Observatorio Español de la Droga y las Toxicomanías, muestra datos preocupantes sobre el alto índice de repercusión del alcohol, las drogas y otras sustancias entre los trabajadores. Asunto, sin duda, de una realidad social cuya traslación al ámbito de la empresa fundamentalmente en ciertos ámbitos como la hostelería, la construcción, el transporte o el sector primario, dista de ser una casualidad. (más…)

#NONSMOKINGCHALLENGE y la lucha contra el tabaquismo

El Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad ha lanzado la campaña “Sois la generación de los retos, y la única que puede acabar con el tabaco” Con el hashtag #NonSmokingChallenge se incentiva a los/as jóvenes a que participen en el reto de acabar con el consumo de tabaco. (más…)

¿Por qué es necesario atender la sexualidad en un centro de Drogodependencias?

El nuevo paciente que ha ingresado tiene 25 años. Siempre que tenía relaciones sexuales lo hacía “colocado”. Tuvo muchas parejas sexuales, pero con ninguna de ellas hablaba de sus gustos y preferencias. En la relación pocas veces utilizaba el preservativo. Hace año y medio se enteró de que era seropositivo. Ahora tiene miedo a fracasar si intenta tener relaciones sexuales sin haber consumido pero, sobre todo, teme ser rechazado.

La última usuaria que vino a realizar un tratamiento comenzó a consumir muy joven. Siempre ha dicho que lo hacía para escapar de la situación que vivía en casa. Pronto necesitó más dinero del que disponía y, “casi sin darse cuenta”, comenzó a prostituirse para conseguirlo. Hace medio año decidió interrumpir un embarazo que nunca deseó. A día de hoy no le es posible evitar la sensación de ser utilizada cuando tiene una relación sexual y, en ocasiones, le invade un gran sentimiento de culpa.

Estos son dos ejemplos de cómo vivencian la sexualidad personas que están intentando dejar el mundo de las drogas. En cambio, no todos los programas terapéutico-educativos incluyen proyectos bien definidos que aborden de forma clara esta importante área de la personalidad.

La salud sexual es un área de intervención necesaria en los programas comunitarios de atención a drogodependientes. En primer lugar, porque la vivencia que estas personas han tenido de la sexualidad suele ser muy negativa. Por otro lado, todas las adicciones producen a medio y largo plazo efectos negativos sobre la sexualidad y la respuesta sexual. También sabemos que, en el proceso de abandono del consumo, aparecen una serie de miedos, preocupaciones, expectativas relacionadas con la sexualidad (dudas respecto a la valía como amante o sobre la propia respuesta sexual, expectativas irreales de lo que son las relaciones sexuales, etc.), que pueden entorpecer la recuperación. Somos conscientes de que problemas vividos en el área afectivo-sexual, como pueden ser una baja autoestima corporal o rupturas de pareja, pueden ser facilitadores o precipitantes de una recaída.

En 2002 la OMS reunió a un grupo de expertos internacionales para tratar de definir el concepto de salud sexual. De aquella consulta técnica (1) surgió la base para la actual definición: “la salud sexual es un estado de bienestar físico, emocional, mental y social relacionado con la sexualidad; no es meramente la ausencia de enfermedad, disfunción o malestar. La salud sexual requiere un acercamiento positivo y respetuoso hacia la sexualidad y las relaciones sexuales, así como la posibilidad de obtener placer y experiencias sexuales seguras, libres de coerción, discriminación y violencia”.

Como vemos, este modo de entender la salud sexual, está muy influido por la definición de salud aprobada por la propia OMS en 1948, que considera la salud como un estado de completo bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades. Pero, además añade interesantes matices que nos permitimos describir y ampliar con nuestras propias palabras. La salud sexual y por tanto su promoción requiere de:

Una visión positiva de la sexualidad y de las diferentes posibilidades que esta nos ofrece (obtención de placer, reproducción o comunicación de afectos y sentimientos).

Un acercamiento respetuoso al hecho sexual humano, sus diferentes matices y formas de vivirlo, como las diferentes identidades, orientaciones, y conductas sexuales, que, a su vez, sean respetuosas con las demás personas.

El reconocimiento del placer sexual como un valor positivo. La posibilidad de obtener placer en las relaciones sexuales no solo se entiende como saludable, sino como condición necesaria para la salud.

Tomar conciencia de los riesgos asociados a las conductas sexuales (embarazo no deseado, enfermedades transmitidas sexualmente, VIH, o hepatitis), y favorecer experiencias sexuales seguras. Unas relaciones sexuales fruto de una aceptación libre y voluntaria (nunca obligadas, ni bajo presión de ningún tipo).

Una actividad sexual que se produce dentro de un contexto de: a) igualdad y no discriminación, es decir, fuera de relaciones de poder donde una persona o un género se considere superior sobre otro/a, y de; b) buen trato y no violencia, como opuesto al mal trato y la violencia.

OMS 1948

 

En un informe más reciente(2), de 2011, la propia OMS señala que: “la salud sexual es fundamental para la salud física y emocional y el bienestar de los individuos, parejas y familias” y afirma que la capacidad de hombres y mujeres para alcanzar la salud sexual depende de su acceso a: a) información de buena calidad sobre el sexo y la sexualidad; b) conocimiento de los riesgos y la vulnerabilidad de las personas ante las consecuencias negativas de la actividad sexual; c). atención de la salud sexual y, finalmente; d) un entorno que afirma y promueve la salud sexual.

A la vista de estas declaraciones nos preguntamos: ¿son los centros de atención a drogodependientes entornos donde se ofrece información de calidad, donde se conciencia de los riesgos asociados a las conductas sexuales, donde se atiende y promueve la salud sexual? Si no es así estamos ante una notable carencia que conviene subsanar, ya que la salud sexual es fundamental para lograr la salud física y emocional.

Por si todo esto no fuera suficiente, hoy en día se nos siguen planteando interrogantes que abren nuevos retos con respecto a la sexualidad en “personas adictas”. Por un lado, diversos estudios, revisiones e investigaciones, nos han ido recordando las consecuencias y la relación, entre los abusos sexuales y los/las drogodependientes.

Según Moreno, Prior, 1998;(3) Simmons, Sack, 1998(4) una de las consecuencias de haber sufrido abusos sexuales es el posterior alcoholismo y el consumo de drogas. Trabajos como los de Jacobson y Richarson, 1987(5); Winfield y cols, 1990(6); George y cols, 1991(7) demuestran que las mujeres que sufrieron abusos sexuales en la infancia presentan mayores tasas de abuso y dependencia a sustancias, mayor consumo de psicofármacos, aunque también estos autores añaden una larga lista de consecuencias como pueden ser una mayor incidencia de distintos tipos de trastornos psicopatológicos, incluso intentos de suicidio.

¿Cómo atender los casos de abusos sexuales en personas que presentan problemas de adicciones?, ¿necesitan los/las terapeutas de una formación específica? Finalmente, existen trabajos que apuntan a diferencias de sexo en cuanto a la atribución del consumo.

Parece que los hombres tienen poca conciencia de aquellos conflictos o problemas previos al inicio del consumo. Identifican el consumo como la causa de sus problemas actuales. Sin embargo, las mujeres tienen un mayor grado de conciencia de los conflictos o problemas existentes y que identifican como desencadenantes del consumo. Para ellas, el consumo es una consecuencia de estas dificultades previas.

“Cualquier programa que aspire a ofrecer una atención integral a sus usuarios no puede dejar de lado el área de la sexualidad y la salud sexual”

En los próximos años, con seguridad, se irán dando respuesta a estos interrogantes que requieren de mayores reflexiones. Lo que no admite lugar a dudas es que cualquier programa que aspire a ofrecer una atención integral a sus usuarios no puede dejar de lado el área de la sexualidad y la salud sexual.

Fuente: Fernando Pérez del Rio y Manuel Mestre Guardiola – Revista PROYECTO Nº88

  1. Defining sexual health. Report of a technical consultation on sexual health. 28–31 January 2002, Geneva. World Health Organization (2006).
  2. Developing sexual health programmes. A framework for action. World Health Organization, Department of Reproductive Health and Research (2011).
  3. Moreno, P., Prior, C., Monge, J. (1998). Abusos sexuales en la infancia y toxicomanía. Psiquiatría Pública, 10, 78-81.
  4. Simmons, K., Sack T., Miller, G. (1998). Abuso sexual y sus implicaciones en la dependencia química de mujeres en tratamiento. RET, Revista de Toxicomanías, 14, 18-24.
  5. Jacobson, A., Richarson, B. (1987). Assault experiencies of 100 Psychiatric inpatients: evidence of the need for routine inquiri. The American Journal of Psychiatry, 144, < 908-913.
  6. Winfield, I., George, L., Swartz, M., Blazer, D. (1990). Sexual assault and psychiatric disorders among a community sample of women. The American Journal of Psychiatry, 147, 335-341.
  7. George R., Brown M. D., Bradley, A. (1991). Psychiatric morbidity in adult inpatiets with childhood histories of sexual and physical abuse. The American Journal of Psychiatry, 144, 55-61.
  8. Martín, C. (2007) en Pérez, F., Martín, I. Nuevas Adicciones ¿Adicciones Nuevas? Guadalajara: Ediciones Intermedio.

 

 

 

 

Convenio de Colaboración con el Granada C.F.

Lunes 9 de Octubre de 2017.

Hoy nuestro Director-Presidente Manuel Mingorance ha firmado un Convenio de colaboración con el Granada C.F. en el Estadio Nuevo los Cármenes.

El convenio se enmarca dentro de una serie de acciones, que en su mayoría, están destinadas a la prevención y concienciación de las adicciones con jóvenes a edades tempranas a través del fútbol y el fomento de hábitos de vida saludables. Dicho convenio demuestra la solidaridad y el gran compromiso que el club nazarí tiene con la sociedad granadina.

Es todo un placer y un honor compartir objetivos comunes con el club de nuestra tierra. Caminamos juntos.

Gracias.

Firma Convenio GCF_0030 Firma Convenio GCF_006 Firma Convenio GCF_0032Firma Convenio GCF_0026 Firma Convenio GCF_0031Firma Convenio GCF_009Firma Convenio GCF_0013Firma Convenio GCF_0015

 

Proyecto Hombre en el primer Congreso RAAC 2017

Nuestro Director-Presidente Manuel Mingorance Carmona en representación de la Asociación Proyecto Hombre, participó los días 28 y 29 de Septiembre en el Primer Congreso de la Red Asistencial de las Adicciones de Córdoba (Argentina) con una ponencia sobre “Evidencia científica de los programas asistenciales”. (más…)

Conquistando espacios y asumiendo riesgos: Mujeres adolescentes ante el consumo intensivo de alcohol

Las conductas que entrañan riesgos para la salud no han sido importantes en la construcción de la identidad femenina tradicional (Meneses, C., Gil, E., Romo, N., 2010). La investigación intergeneracional de los comportamientos de riesgo nos dice que en las últimas décadas se han incrementado las conductas de riesgo entre las chicas adolescentes comparadas con la generación de sus madres, y que se ha producido una reducción en la distancia tradicional de los chicos y chicas a la hora de asumir riesgos (Abbott-Chapman, J., Denholn, C., y Wyld, C., 2007). Puede que el avance hacia la igualdad conlleve para las chicas adolescentes la incorporación de conductas de riesgo consideradas típicamente como masculinas.

El género debe de ser entendido en el contexto de las relaciones de poder que se dan en la construcción de las identidades sociales (Mahalingam et al, 2008). La clase social, etnicidad-raza, orientación sexual, edad o religión contribuyen a generar experiencias de opresión, desigualdad o privilegio y su consideración como categorías analíticas nos puede ayudar a entender cómo se organizan las conductas de riesgo en torno al consumo de drogas legales como el alcohol.

La frase de Measham “doing gender doing drugs” (2002), señala la conexión entre identidad de género y uso de sustancias, que probablemente sea clave en la configuración de la personalidad del adolescente. Una perspectiva feminista ayuda a visibilizar las razones del consumo de las sustancias, alejadas de su carácter legal o ilegal, y visibiliza las conductas de riesgo y los posibles daños desde el punto de vista de la salud pública.

En España, los últimos datos del consumo de drogas muestran cómo, desde la década de los años noventa del s. XX, las chicas sobrepasan con amplitud a los varones en el consumo de drogas legales (Romo Avilés, N.; Meneses, C. y Gil E., 2014). Esto ha provocado que se intensifique el debate sobre el consumo de alcohol y está obligando a repensar la influencia del sistema de género, así como sus implicaciones en las conductas que se relacionan con la salud, como aquellas que tienen relación con el consumo de drogas legales e ilegales.

La Encuesta Estatal sobre Uso de Drogas en Estudiantes de Enseñanza Secundaria (ESTUDES) permite hacer una radiografía básica sobre el consumo de alcohol (DGPNSD 2014). Según dicha encuesta, dirigida entre jóvenes de 14 a 18 años, aumenta el consumo de alcohol, sobre todo, entre los más jóvenes (14-15 años). El 81’9% de la muestra consume alcohol, estando dicho consumo más extendido entre las chicas. Aumenta la presencia de las chicas, a las edades más tempranas (14, 15 y 16), para patrones de consumo intensivo. La edad media de inicio al consumo se sitúa en 13’9 años. A los 14 años, el 63’1 % de la muestra ya ha consumido alcohol. A la edad de 16 años, más de la mitad de los jóvenes se ha emborrachado en el último año, aumentando dicho porcentaje con la edad. A los 14, 15 y 16 años el porcentaje de chicas que se emborracha es mayor que el de chicos. El patrón en relación al binge drinking es similar. El 62% de la muestra declara haber realizado botellón, siendo el porcentaje similar entre chicos y chicas.

Son más habituales los consumos intensivos (binge drinking y borracheras) entre los que hacen botellón que entre los que no lo hacen. Dicho consumo intensivo de alcohol, se asocia también a un mayor uso de drogas ilegales (policonsumo). Estos cambios en las tendencias epidemiológicas han llevado a considerar el consumo de alcohol un importante símbolo de género.

Esto ha sido particularmente evidente en torno a la conexión entre género y consumo de alcohol en espacios públicos (Measham & Østergaard, 2009). Tradicionalmente, el consumo público ha sido descrito como una forma de demostración de masculinidad; una práctica que, descrita en sentido performativo, pone en valor la representación de comportamientos asociados a la capacidad de aguante y la adopción de riesgos. Desde esta perspectiva, los mayores consumos de sustancias de las jóvenes de la generación actual podrían interpretarse como estrategias que reducen las diferencias de género, introduciendo cambios en las interacciones sociales, lo que contribuye a desafiar las nociones tradiciones de masculinidad y feminidad (Månsson, 2014; Measham, 2008).

Las chicas están redefiniendo el sistema de género a través de prácticas relacionadas con el consumo de alcohol. Los cambios en los patrones normativos de consumo están contribuyendo a revelar toda una serie de rupturas de género dentro de la sociedad española. Rupturas que tienen que ver, en primera instancia, con el hecho de que las adolescentes asocien el consumo de alcohol al placer, así como a hacerlo en espacios públicos.

Esta situación no correlaciona con una mayor aceptación social del consumo de alcohol de las mujeres (Plant & Plant 2006). Lo podemos ver como una consecuencia del incremento de los derechos y libertades de las mujeres. Sin embargo, suele llevar consigo implicaciones morales y la reproducción de discursos tradicionales sobre la feminidad (Day et al 2004). Las chicas que beben “al mismo nivel” que los chicos están subvirtiendo normas y virtudes de una feminidad apropiada proyectada por la sociedad. De ahí que haya autores que señalan que el consumo de alcohol por parte de las chicas se aleja de los discursos del placer, para subrayar el sentido problemático (Rolfe et al., 2009).

“Pánico moral” en relación al consumo de alcohol de las chicas que suele estar conectado a la desinhibición sexual, al miedo a que desarrollen una sexualidad más proactiva, en las que los chicos pasen a convertirse en los objetos del deseo y ellas en las “depredadoras sexuales”(Bloomfield et al., 2006).

No sabemos si “beber como un chico” puede ser relacionado, siguiendo la conceptualización de Spencer (2014), con la idea de “empoderamiento transformador” y/o si de forma paralela, actúa como un factor que contribuye a potenciar ciertas vulnerabilidades, como el hecho de aumentar los casos de relaciones sexuales no deseadas.

El incremento en la iniciación al uso y en el abuso de alcohol, tabaco y otras drogas legales e ilegales entre las chicas jóvenes nos lleva a cuestionarnos si las estrategias de prevención están produciendo los resultados esperados entre las chicas. En el caso del consumo de alcohol, la literatura científica ha subrayado cómo las chicas suelen emplear, en mayor medida que los varones, estrategias protectoras ante el consumo de alcohol (Rosenberg et al., 2011; Benton et al., 2004).

Quizás lo que necesitamos cambiar es el contexto de desigualdad en el que se consumen las sustancias y no trabajar sobre grupos específicos. Esto conllevaría priorizar el empoderamiento de las mujeres de cara a su desarrollo en distintos contextos de desigualdad, no solo en los contextos de consumo de alcohol.

Fuente: Revista PROYECTO Nº87 – Nuria Romo Avilés – Directora del Instituto Universitario de Investigación de Estudios de las Mujeres y de Género de la Universidad de Granada

 

 

 

 

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